Una historia real de Agorafobia

“Salí a la calle, como a diario, para ir a hacer la compra. Entré en el supermercado, llené el carro con los productos que me interesaban y fui entonces a pagar. En la caja registradora había cola y empecé a experimentar como un ahogo, un nudo en el pecho y sudores fríos. Sudando, pagué y me marché a buscar a los niños al colegio. Por la calle sentía taquicardia y mareo con solamente pensar que podía caer al suelo fulminada en cualquier momento. Creía que me daba un ataque al corazón o algo así. Fue terrible. Conseguí llegar a la escuela. Esperando a mis niños, me fui tranquilizando y se me pasó el malestar. Al llegar a casa, cavilé sobre lo que me había pasado y quedé preocupada. A lo largo de los meses siguientes se fueron repitiendo estos episodios de malestar extremo una y otra vez: en el mercado, por la calle, al ir de compras, en el autobús e incluso en casa. La mayoría de las veces me encontraba mal fuera del hogar o cuando cogía algún transporte. Fui cogiendo miedo a salir sola. Si iba con mi marido o con alguno de mis hijos, todavía podía soportarlo. Pero sola me fue cada vez más difícil salir de casa, hasta que decidí no hacerlo ya que cada vez lo pasaba peor. Tenía miedo a pasarlo tan mal. Creía tener algún problema en el corazón”.

Esta mujer presenta una crisis de pánico. Un 36 por ciento de la población padece una o dos crisis de pánico anualmente parecidas a la relatada. Pero si el miedo se gereraliza a diversas situaciones y lugares, estas crisis derivan en una agorafobia, un trastorno nervioso que les crea problemas o incluso las incapacita para salir de casa si no van acompañadas. Experimentan miedos, angustia en forma de taquicardias, sudoración y sensación de desmayarse o perder el control, e incluso sensación de muerte inminente. Ante esta situación, las personas que la padecen van limitando sus salidas por el miedo a tener miedo. Cuando visitan diferentes especialistas médicos se descarta totalmente algún problema físico. Y es que estas personas sanas físicamente, padecen agorafobia, un trastorno psicológico que hace que el mero hecho de salir a la calle sea una montaña, por la experimentación de terror, angustia y un malestar total, tanto físico como psicológico.

Si no se busca una solución, irán arrastrando esta sintomatología a lo largo de su vida, afianzando una personalidad fóbica que impedirá una vida normal y una buena calidad de vida. Así, un trastorno puntual en sus vidas puede transformarse en una ansiedad y un malestar crónico de larga duración si no acuden a un especialista.

Afortunadamente la psicología actual conoce y trata esta sintomatología de forma efectiva. La solución es enfrentarse al miedo mediante una práctica programada, es decir, aplicando sesiones de afrontamiento y analizando y estructurando las interpretaciones catastrofistas de las reacciones fisiológicas. Así, conseguiremos ir controlando el trastorno. Al final del tratamiento, el paciente habrá concluido una larga pesadilla y los objetivos de vivir sin angustia se habrán cumplido.

Tratamiento de la Agorafobia

La ansiedad se puede prevenir enseñándole a las personas cómo enfrentar las situaciones adversas o crisis.

La ansiedad también se previene adoptando un estilo de vida saludable con buen ejercicio, nutrición, elevando la autoestima y apoyo social. Existen varios tipos de tratamientos y terapias que tienen cierta efectividad para las personas que padecen de ansiedad y pánico. Estos tratamientos incluyen fármacos ansiolíticos, psicoterapia cognitivo-conductual que debe ser dirigida por un psicólogo competente y experimentado.

La terapia incluye técnicas de exposición graduada, confrontación y modificación de creencias negativas o incorrectas; modificación de pensamientos negativos; técnicas para entablar autocharlas positivas; y técnicas específicas para tratar con el pánico.

Otros tratamientos es la reducción de estrés, lo que puede incluir técnicas de relajación y respiración, mejor manejo del tiempo, ejercicio físico y yoga.

Cambios en la alimentación, por ejemplo, eliminación gradual del café, estimulantes, chocolate, azúcar, tabaco, alcohol, refrescos que contengan cafeína y analgésicos o drogas que contengan esta.

Algunos pacientes informan reducciones considerables en su ansiedad solamente tomando estas medidas. No obstante es importante la consulta médica.

Agorafobia y crisis de pánico

No siempre la agorafobia está relacionada con el trastorno de pánico. En un número menor de casos, las situaciones descritas se evitan por miedo a otros elementos que nada tienen que ver con las crisis de pánico.

La agorafobia se mantiene principalmente por evitar los lugares temidos. Es importante subrayar que las crisis de ansiedad no se producen por ir a esos lugares. Lo que ocurre es que en esos lugares se dan las circunstancias propicias para que se produzcan los síntomas que disparan la crisis. Síntomas que, por otro lado, son completamente inofensivos. A partir de ellos, comienza la interpretación catastrófica de las sensaciones corporales, pero ahí comienza otro problema: el trastorno de pánico.

El hecho de evitar esas situaciones hace que el agorafóbico se vaya recluyendo más y más en un falso círculo de seguridad, llegando a quedarse aislado en casa.

En ocasiones, cuando una persona desarrolla un trastorno de pánico por la experiencia repetida de crisis de ansiedad, ocurre que tiende a tener las crisis con más frecuencia en determinados lugares (supermercados, cines, aglomeraciones de gente, etc.). En esos casos es fácil que asociemos esos sitios con el hecho de tener una crisis de ansiedad, entonces puede ocurrir que “solucionemos” el miedo a tener una crisis de ansiedad evitando los lugares en los que pensamos que es más fácil que nos den las crisis. Dicha evitación nos puede llevar a problemas diversos y en tal caso habríamos desarrollado el trastorno fóbico que llamamos agorafobia.

La persona con agorafobia puede evitar muchas y variadas situaciones, desde las ya mencionadas (aglomeraciones de gente) hasta otras menos evidentes según el significado literal del término como: pasar por puentes, viajar en avión, utilizar ascensores, etc. En realidad, para el agorafóbico que ha tenido o tiene crisis de pánico, cualquier situación en la que pueda ser difícil escapar o conseguir ayuda si tiene una crisis se vuelve potencialmente peligrosa ante sus ojos.